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Lectura Dominical (Domingo XXIX del T.O.)

Martes, 18 de octubre de 2011 Sin comentarios

Is 45, 1.4-6; 1ª Ts 1, 1-5b; Mt 22, 15-21

      La perícopa del evangelio de hoy consta de una pregunta por parte de los fariseos para comprometer a Jesús y de la respuesta de Jesús para fijar bien su posición y doctrina al respecto; todo ello en el contexto de querer cazar a Jesús.

      La pregunta sobre la licitud o no licitud de pagar impuestos al Cesar -¿estamos obligados a pagar impuestos al Cesar, o no? (Mt 22, 17)- no es una pregunta ni inocente, ni con intención de clarificar una posición. Es toda ella, una pregunta mal intencionada y con el objetivo de, según que pronunciamiento, poder acusar a Jesús. Si se pronuncia de modo favorable al pago del impuesto al Cesar sería acusado por parte de los oyentes más piadosos y más patriotas de no reconocer la soberanía de Dios y de colaborar con el poder romano invasor. Si por el contrario, rechaza el pago del impuesto al Cesar, podría ser acusado ante las autoridades como agitador social y partidario de la liberación del yugo romano. Diera la respuesta que diera Jesús no tendría escapatoria y se le situaría partidario de un sector o de otro. Podríamos pensar que la respuesta que Jesús da es la más inteligente y política para escabullirse de la situación comprometida. ¿Pero, cuando hemos visto a Jesús no afrontar con valentía las situaciones, por muy adversas que sean, y por mucho que le comprometan su vida? ¿Cuándo hemos visto a Jesús ser político y no pronunciarse con claridad frente al proyecto de Dios y su Reino?

      La respuesta de Jesús no la podemos situar ni como política ni como evasiva, sino como la respuesta de quien tiene claro el proyecto de Dios sobre la historia y las relaciones de los hombres y mujeres dentro de esta historia.

  • Jesús reivindica la supremacía de Dios que conduce la historia sin que quienes se creen artífice de la historia, a veces, sean consciente. Es a lo que el profeta Isaías se refiere cuando va enumerando todas las acciones que Yahvé Dios va realizando y apostilla “sin que tú me conocieras”. La historia tiene un plan establecido por Dios.  Y la plenitud de esta historia no es otro que el desarrollo de dicho plan. La importancia de la respuesta de Jesús no estriba en reconocer dos esferas separadas: el mundo de lo profano, y el mundo de lo sagrado como dos modos de actuación diferentes, sino en reconocer la implicación de uno en otro declarando que también en el mundo de lo profano Dios tiene una palabra que decir.  Jesús reivindica que el sentido originario del mundo, sus actuaciones y decisiones no es otro que consumarse como Reino de Dios. Es la llamada por parte de Jesús a que podamos preguntarnos y discernir si este es el mundo que Dios piensa y quiere y nos pongamos a trabajar en la dirección de hacer de este mundo, de la sociedad, el mejor mundo de Dios.
  • Hacer de nuestros poderes políticos, económicos, sociales, etc., la norma suprema, sin referencias al proyecto de vida de Dios y del Evangelio, es caer de nuevo en manos de los nuevos cesares que se proclaman “hijos augusto de Dios y pontífice máximo” y, que reivindican de nosotros, vivir subyugación. Toda norma y comportamiento sean, emanadas del poder civil o del eclesiástico, tendrían su naturaleza de ciudadanía y legitimación en la medida que reprodujera y ayudara a realizar el mundo que Dios piensa y que adelantara el hacer realidad aquí y ahora del Reino de Dios.
  • Un segundo elemento, que nos desvela este evangelio es la del rechazo a toda adoración o idolatría provengan éstas de los estamentos de poder, prestigio, dinero, narcisismo, o de los mismos ámbitos eclesiásticos. “Yo soy el Señor no hay ninguno otro; fuera de mí no hay Dios”, nos dice el profeta Isaías y “dar a Dios lo que es de Dios”, nos recuerda el evangelio. No confundir los planos de nuestra adoración y entrega: reconocer lo que es importante y fundamental y lo que es secundario y superfluo que  no puede anular y relegar lo fundamental y primario; reconocer, que a lo que debo mi entrega y mi apuesta de vida no es al dinero, al poder, al prestigio, a la fama, etc., sino a Dios para hacer de mi vida, de la de los demás, y de la sociedad, signos del Reino.
  • Y como tercero, reconocer la imagen de Dios, y devolver en ellos a Dios lo que es de Dios. Jesús se refería en hacer opciones serias y comprometidas por los preferidos de Dios; por aquellos que son la imagen más clara de Dios por los que Dios vela de modo cuidadoso. En ese grupo entran los empobrecidos, los últimos, lo que sufren la más severa marginación. Para Jesús y su Buena Noticia, estos se encuentran en este grupo porque los Cesares –poder, dinero, política-, de nuestro tiempo les han robado la parte que le correspondía. Han sido sacrificados en aras de los “Césares” absolutos. Hay que devolver a estos empobrecidos los que les pertenece y situar las cosas en su sitio: “Dar al Cesar lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”; entonces si, que el mundo sería como Dios lo piensa, y estaríamos adelantando la venida y la construcción del Reino.
Miguel Conrado Montes Infante, SDB

Nueva sección: La lectura dominical, por Miguel Conrado Montes Infante, SDB

Martes, 4 de octubre de 2011 1 comentario

Por iniciativa de Fátima, y cortesía de Miguel Conrado Montes Infante, SDB, contamos a partir de ahora con una nueva sección en nuestro espacio web. Se trata de los comentarios que Miguel hace a las lecturas de cada domingo, que envía de manera regular por correo electrónico a sus seguidores y que, desde esta semana, iremos repitiendo aquí para ampliar su difusión.

Esperamos  que sean de vuestra utilidad y provecho.

La lectura dominical (Domingo XXVII T.O.)

Martes, 4 de octubre de 2011 Sin comentarios

Mt. 21, 33-43

“Se os quitará a vosotros el Reino y se le dará a otro pueblo que produzca los frutos a su tiempo”.

 Esta es otra de las graves sentencias de Jesús recogidas en el Evangelio de Mateo y que, al igual que la del domingo pasado: “los publicanos y prostitutas os llevan la delantera en el Reino”, son avisos para navegantes. En un tiempo, fue llamada de atención para el Pueblo de Israel y, hoy, lo es para todal la Iglesia.

Los profetas, y en concreto Isaías, tiene clara conciencia de que Dios ha escrito una historia de amor con su pueblo. Este amor se pone de relieve en la elección, el acompañamiento y el cuidado que Dios ejerce a favor del pueblo. Este amor es resaltado por el profeta utilizando el símil de lo que un buen viñador haría con su viña: elige un buen terreno, elige buenas cepas, la cuida, etc. ¿Qué ocurrió en esta viña para que no siguiera las leyes de la biología, y diera buenos frutos? Tenían un corazón obstinado y endurecido. Un corazón que lejos de responder con agradecimiento y según el estilo de vida que Dios quiere, se ha constituido en paradigma y referencia de toda acción llegando a prescindir de Dios. Para ellos Dios ya no cuenta. Está lejos aquel tiempo donde Israel respondía acogiendo la Palabra de Dios y viviéndola. No se viven tiempos de fidelidad y de respuesta amorosa por parte del pueblo al Dios que los eligió y los libertó y en esta situación el profeta vaticina el abandono a este pueblo y su destrucción. Todos los males que le aquejan provienen de haberse olvidado de Dios.

Jesús, siguiendo con la misma temática de la viña la clarifica. La viña, ya no es el pueblo sino que es toda realidad que vive la experiencia de filiación- vivir como hijos del Padre- y  de fraternidad –hermanos y compañeros unos de otros-. La viña es nuestro cosmos transformado según el plan de Dios viviendo en fidelidad dicho plan.  La viña es el mundo de Dios y que él coloca en nuestras manos. La viña es el mundo en cuanto llamada de Dios y tarea de los hombres. Jesús en el evangelio de hoy hace una relectura del modo de actuar de Dios, siempre fiel, con respecto al mundo como Reino su Reino: El mundo es de Dios y se lo confía al hombre para que lo transforme y lo perfeccione. En este trabajo de transformación es necesario creyentes que se fíen de Él, que vivan y hagan realidad su voluntad. Un mundo y una humanidad según el proyecto de Dios es el fruto que el dueño de la viña reclama. Todas las intervenciones de Dios en la historia –profetas y la misma Encarnación del Hijo- no son más que posibilidades para los hombres de dar el fruto que Dios quiere. Pero, cuando el hombre se quiere constituir en dueño absoluto de toda la creación y, del sentido último de esta y, cuando el hombre se erige en norma absoluta y punto de referencia último de todo, no está colaborando a que la viña dé los frutos que Dios espera. Y aquí la queja de Dios: ¿por qué esperando que diera uvas dio agrazones? En boca de Jesús no cabe destrucción ni aniquilación. En su boca, solo puede caber seguir buscando nuevos hombres y mujeres que vivan y respondan al plan de Dios.

Los creyentes, y nuestra Iglesia, con frecuencia caemos en el pecado de la seguridad:  ya poseemos el Reino, somos Reino de Dios, somos el Pueblo de Dios, somos los elegidos. Nada más contrario al evangelio de hoy. Pertenecer al Reino, trabajar en el Reino, no es cuestión de pertenencia a un grupo determinado, ni cuestión de ser de una clase o casta. La pertenencia al Reino y, la invitación a trabajar en el Reino, es cuestión de dar frutos de evangelio. Nadie tiene asegurado su ser del Reino por pertenecer a la estructura de la Iglesia. La pertenencia al Reino se valida desde la transformación personal para dar los frutos nuevos. Sólo se les confía el Reino a los que desde su transformación personal de mente y corazón se posibilitan para dar frutos.

A veces en la historia de la Iglesia nos hemos creídos el centro y los administradores de la salvación. Se salvaban, estaban en las claves del Reino, quienes pertenecían a la Iglesia, decíamos. Los demás estaban excluidos.  En el evangelio de hoy se nos dice que pertenecen al Reino, son trabajadores en el Reino, quienes dan frutos: bondad, reconciliación, Justicia, solidaridad, quienes se toman en serio que somos  responsables de la suerte de todos y cada uno de los hermanos, quienes sus criterios de vida y el sentido de su vida lo encuentran en Dios, etc.  No vivir así es querer adueñarnos de la viña y querer matar a Dios.

En una ocasión le preguntó un periodista a Madre Teresa: “madre que cambios son más urgente hacer en la Iglesia. Ella le contestó: El tuyo y el mío”. Sí, efectivamente, se trata de cambiar el corazón y la mentalidad de las personas para dar cabida en cada uno de nosotros al proyecto de Dios.

Miguel Conrado Infante, SDB

Oración del Grupo de Aspirantes

Miércoles, 28 de septiembre de 2011 Sin comentarios

Fátima nos hace llegar la oración del grupo de aspirantes para esta semana.

Una buena iniciativa para ir llenando nuestra web de recursos. Os animo a todos a seguir haciéndolo.

Podéis descargarla aquí

Una misa en inglés

Martes, 12 de julio de 2011 Sin comentarios

Aprovecho la ocasión para hacer publicidad de mi blog sobre mi verano en Escocia y comparto con vosotros lo que acabo de publicar sobre cómo son las misas por aquí